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Tuesday, 20 May 08, 06:54 AM

20.05.08 > ESPECIAL CLÁSICO | Ni en Tucumán, ni en la mismísima Bombonera, Godoy Cruz se sintió tan visitante como en la cancha de Independiente. En las más malas se agranda.


El Gargantini lució colmado con 15 mil leprosos y varios infiltrados.

DESDE EL GARGANTINI
Hacía muchos años que Godoy Cruz no pisaba una cancha donde el ambiente fuera tan inhóspito como el sábado. Desde que el micro comenzó a llegar a las adyacencias del Gargantini, 90 minutos antes del partido, que el plantel comenzó a palpar que la hostilidad iba a estar a la orden del día. Arriba del colectivo, los jugadores hacían oídos sordos con el bombo que entonaba el Indio Moreyra a todo volumen y el resto que cantaba y saltaba golpeando los vidrios.

Arribaron a la cancha y uno a uno fueron bajando. Los plateístas que estaban ingresando se agolparon contra el vallado policial y comenzaron a insultar a todos. “Pecho fríos” y “pingüinos” eran las palabras preferidas. También lograron coordinar entonando un sonoro “sos cagón, Tomba sos cagón”, y desde la platea dos niños bañaban el ingreso con telgopor picado emulando nieve. Ante esto, el Ruso Marcucci y el Cato Salomón entraron sobándose los brazos, como calentándose.

Llegó el momento de salir a reconocer el campo y ahí volvieron los insultos y los chiflidos. Salomón otra vez participó del folclore haciendo signos de que tenía frío y saludando cuando ingresó. Marcos Barrera también se prendió en la onda “qué frío hace en esta cancha”. Pese a todo, las agresiones no pasaban de lo verbal, por lo que todo transcurría en normal tranquilidad.

Cuando el equipo salió a disputar el partido, los silbidos se tornaron prácticamente ensordecedores, y cuando salió Independiente el recibimiento fue un espectáculo aparte con todo el estadio pintado por el humo azul que salía de los tarros ubicados en los cuatro costados.

Antes del gol de Fernández, Solana sufrió la única agresión del partido: luego de tirar un tiro de esquina, una bomba de estruendo le cayó a medio metro y el Chiqui se desplomó. Todos esperaban lo peor (se venía la noche para la Lepra si se suspendía), pero el ex Olimpo demostró la grandeza de los colores que representa y siguió jugando. Por ese gesto se ganó el aplauso de la platea y las felicitaciones de Vila tras el partido.

Minutos después llegaría el grito de David, el silencio de casi 15 mil personas y el final del partido con esa que pasó cerquita del palo de Ibáñez. Mientras el único grito de festejo salía de los jugadores que saltaban cerca del área propia cuando Favale decretó el final, los jugadores locales no sabían donde meterse y se retiraban recibiendo de su hinchada un tibio “a la Lepra la quiero y la vengo a alentar, en las buenas y en las malas mucho más”.

El vestuario tombino era una fiesta. Los jugadores cantaban y saltaban gastando a sus pares azules y soñando con el ascenso. Todo al ritmo de Moreyra que le daba duro y parejo al bombo. Luego llegó el turno del cuarteto, de las felicitaciones de Mansur, Contreras, allegados y el propio Daniel Vila. Las declaraciones y la retirada, en paz, festejando, sin tanta euforia, pero con la tranquilidad de saber que cada jugador compone un grupo maduro que está donde está por mera causalidad de todo un proceso que va más allá de 11 tipos jugando 90 minutos por fin de semana.

El periplo al Gargantini había llegado a su fin. Godoy Cruz había salido con la frente bien alta de su parada más brava de los últimos tiempos. Ganador, firme, seguro y a un pasito de festejar. 

 
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Posted by godoycruzat | Comments (0)
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